viernes, 15 de diciembre de 2017

LOS MOTES DE LA PESETA

Una de las características comunes de muchas monedas con contenido histórico y popularidad (tanto positiva como negativa) es el empleo de motes, algunos verdaderamente ingeniosos, para referirse a ellas. Hoy vamos a tratar el caso de nuestra querida peseta, pero en las más de 200 entradas que llevamos ya hemos podido analizar diferentes ejemplos en el mundo anglosajón. Es el caso del "Mercury dime" (10 centavos de plata) y el "Carter quarter" (1 dólar de 1979) en Estados Unidos o los descomunales "cartwheel pennies" y los enigmáticos "florines góticos" de Gran Bretaña. Si no fuera por piezas como estas mi blog sería claramente más pobre.

La introducción de la peseta en 1868 marcó un hito en la historia monetaria española. Contrariamente a lo que se piensa, no instauró el sistema decimal, pues éste había sido adoptado unos años antes, pero sí lo implantó de forma definitiva. El nuevo sistema buscaba la confirmación de una única unidad monetaria que racionalizara y simplificara el panorama existente hasta entonces, caracterizado por una caótica mezcla de piezas pertenecientes a diferentes épocas, regiones, sistemas y aleaciones. La peseta fue pronto aceptada por la población, tal y como demuestran su larga duración así como su pronta  incorporación al lenguaje de la calle y a la cultura popular, como veremos a continuación.  
Perra gorda y perra chica de 1870 (arriba) y de 1941 (abajo)
antes y después de sufrir los efectos de la inflación

"Perra gorda" y "perra chica" fueron dos motes que recibieron las monedas de cobre (y posteriormente de aluminio) de 10 y 5 céntimos de peseta respectivamente durante toda su existencia, es decir, hasta bien entrada la época de Franco. Los que no vimos estas piezas en circulación no llegamos a utilizar estos términos, pero sí era habitual escuchar a personas mayores hablar de "perras" refiriéndose al dinero o a las monedas en general (véase el término "tragaperras", para referirse a las máquinas de los casinos y salas de juego que aún hoy se sigue utilizando) o emplear expresiones como "para ti la perra gorda" como forma de terminar abruptamente con cualquier discusión estéril. Se las bautizó de esta manera cuando fueron puestas en circulación en 1870 debido al diseño un tanto cánido del león que aparece en el reverso, fácilmente confundible. Estas monedas fueron utilizadas por los españoles durante décadas hasta que fueron desmonetizadas tras la Guerra Civil y sustituidas por las endebles piezas de 10 y 5 céntimos de aluminio, que pese a su diferente diseño continuaron conociéndose de la misma manera.

Cuatro piezas diferentes de 50 cts. de peseta, conocidas como
"dos reales"

¿Qué podemos decir sobre los duros y los reales? Es curioso comprobar cómo las antiguas denominaciones anteriores a la peseta perduraron durante mucho tiempo: en el caso del duro, nada menos que hasta la llegada del euro. Los reales de vellón fueron introducidos durante la invasión napoleónica como un intento serio de establecer una cuenta única que sustituyera progresivamente al anquilosado sistema de tres cuentas (oro, plata y cobre) que dominaba el panorama monetario español. Dentro de este nuevo sistema, el antiguo real de plata equivalía a 2,5 reales de vellón, y el peso fuerte o peso duro (más conocido como real de a 8 o Spanish dollar en el mundo anglosajón) a 20 reales de vellón. Aunque Fernando VII hizo lo posible por suprimir esta medida, durante la época de Isabel II los reales emitidos solo serían de vellón. De esta forma, una vez que se adoptara la peseta en 1868 se tomaría como referencia esta unidad, de tal forma que una peseta de plata equivaldría a 4 antiguos reales de vellón. A pesar de la normalización del uso de la nueva moneda, la población no fue capaz de prescindir de un término que había acompañado sus transacciones comerciales desde tiempo inmemorial, por lo que durante el tiempo en que se emitieron divisores de la peseta (es decir, hasta bien entrado el siglo XX) se conocieron como monedas de "dos reales" a las de 50 céntimos.
Duro de plata de 1884, luciendo
las patillas del rey

Por su parte, las enormes piezas de plata de 5 pesetas recibieron el apelativo de "duro" dado que equivalían a 20 antiguos reales de vellón, es decir, el antiguo peso fuerte o duro  mencionado más arriba, y además coincidían bastante en dimensiones y composición con los antiguos reales de a 8. Pese a perder su valor progresivamente, las monedas de 5 pesetas continuaron manteniendo este sobrenombre a lo largo de todo el tiempo en que la peseta fue la moneda nacional. 

La época de la Restauración fue un verdadero filón en lo que a invención de apodos numismáticos se refiere. Las monedas de plata vieron en pocos años una sucesión de retratos distintos resultante de la muerte de un joven monarca y la llegada al trono de un niño rey. Las piezas de plata de Alfonso XII que reprodujeron su cuarto retrato fueron conocidas como "patillas" debido a este atributo facial, muy prominente en la última etapa de su reinado. Las de Alfonso XIII, el rey que hemos visto crecer en las monedas, conocieron diferentes sobrenombres dependiendo de su peinado ("pelón", "bucles", "tupé") o su atuendo ("cadete"). 

Galería de retratos de Alfonso XIII en las monedas de plata: de izquierda
a derecha: pelón, bucles, tupé y cadete

La II República, pese a su corta duración, dejó entre otros legados numismáticos la última peseta de plata y la primera de metal base. Esta última estaba hecha de latón, lo que le confería un distintivo tono amarillo que le hizo ganar el apelativo de "rubia", máxime si tenemos en cuenta que en el anverso aparecía una alegoría femenina de la República. Este apelativo continuó durante el franquismo y el reinado de Juan Carlos I dado que las monedas de peseta emitidas hasta 1982 en diferentes aleaciones de cobre presentaban un color similar. 
La primera "rubia": moneda de
1 peseta de latón de 1937

No puedo concluir este artículo sin rendir un modesto homenaje a una pieza especial para todos los que crecimos y nos hicimos adultos con la peseta antes de que fuera sustituida por el euro. Durante los últimos años del siglo XX, era habitual entre los jóvenes de mi generación referirnos a las monedas de 100 pesetas como "libras", seguramente por su parecido en tamaño, aspecto y grosor a las monedas de libra británicas que, al igual que la pieza de 100 pesetas, comenzaron a circular en la década de 1980. Fueron sin duda una de las monedas más utilizadas por aquel entonces, ya que debido a los efectos de la inflación las piezas de menor valor apenas servían ya para pagar nada. La peseta había quedado reducida a la mínima expresión, lejos de la consistencia que las "rubias" aún tenían y los "duros" no eran más que una triste sombra de lo que un día fueron. Aún así, pese a que hace ya más de 15 años que estas monedas solo pueden interesar a nostálgicos y coleccionistas, sus motes han permitido que permanezcan en el imaginario colectivo, trascendiendo de esta forma su simple uso cotidiano. Después de todo, ¿quién no dice todavía aquello de "no tengo ni un duro"?


Aledón, J.M. HIstoria de la Peseta, Real Casa de la Moneda, Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, Madrid 2002
https://es.wikipedia.org/wiki/Duro_(moneda)

jueves, 30 de noviembre de 2017

MONEDAS INDIAS DE LA EDAD MEDIA (VIII)

Compartir monedas como la de hoy es un verdadero placer, no en vano fueron piezas como esta las que me inspiraron para la puesta en marcha de este blog hace ya casi seis años. Pese a ser uno de los modelos numismáticos más comunes del sur de la India, no me resultó nada fácil dar con ella dado que en España aún no es muy común el coleccionismo de moneda asiática, pero por fin la puedo mostrar en todo su esplendor: con todos ustedes, el hombre-pulpo.


El Imperio Chola en su momento de máxima expansión (s. XI). En azul su territorio
controlado de forma directa, en rosa su zona de influencia (fuente: wikipedia)

No sería justo resumir el contenido de una moneda con semejante carga histórica en una simple impresión visual (de ahí que le dedique un artículo entero) pero debemos reconocer que, al igual que sucede con la mayor parte de las monedas indias medievales, llama poderosamente la atención el grado de abstracción que empleaban sus diseñadores a la hora de reflejar una determinada simbología, especialmente en lo tocante a figuras humanas o animales. En este caso, se trata de figuras humanas tanto en el anverso como en el reverso, pero se hace necesario un pequeño esfuerzo para distinguirlas. 

La moneda de hoy es un massa de cobre del sur de la India, más concretamente del Imperio Chola, emitida alrededor del siglo XI. De origen tamil, la dinastía Chola llegaría a hacerse con el control del sur del subcontinente Indio a partir del siglo IX, pero durante casi todo el primer milenio de nuestra era su papel en este escenario sería más bien discreto. Los reinos del sur de India, a diferencia de los del norte, mantuvieron durante esta época por lo general una estabilidad mayor gracias en gran medida a su prosperidad económica resultante de sus activas relaciones comerciales con otras civilizaciones. No obstante, entre los siglos VI y IX los tres reinos predominantes, Chalukya, Pallava y Pandya se vieron abocados a mantener conflictos entre sí por la hegemonía en la región. 
Anverso de massa de cobre del Imperio Chola. Mide 20 mm
y pesa 4,32 grs. 

Estas rivalidades fueron aprovechadas por el rey chola Vijayalaya a mediados del siglo IX para conseguir el control del extremo sur de India y establecer su capital en Thanjavur, en el actual Tamil Nadu. Los sucesores de Vijayalaya se encargaron de aumentar el dominio chola de forma efectiva hacia el interior y el noreste, conformando un vasto imperio desde Sri Lanka en el extremo sur hasta la cuenca de los ríos Krishna y Godavari en el actual Andhra Pradesh. Su forma de gobierno no difería mucho de otras formas administrativas indias, con un rey que ostentaba el poder absoluto y un control administrativo del territorio basado en un cuerpo bien integrado de funcionarios. La división territorial recuerda en gran medida al sistema indio actual, con un reino dividido en provincias (mandala) que a su vez se subdividían en distritos (valanadu), divididos a su vez en regiones de aldeas. La gran diferencia con otros sistemas puestos en marcha en la zona fue precisamente el poder y la autonomía de las aldeas, que prácticamente eran autogestionadas por sus habitantes. De hecho, en muchos casos los funcionarios reales únicamente aparecían por los pueblos a la hora de cobrar impuestos, siendo innecesaria su presencia para cualquier otro menester.  

La herencia cultural transmitida por el Imperio Chola es patente sobre todo en sus templos, verdaderos centros socio-culturales en los que se celebraban las asambleas locales y se impartía educación, y en el florecimiento de la poesía tamil. No obstante, quizá donde más se notó la influencia chola fue en la economía y el comercio, en la que este imperio desarrolló una esfera de influencia que, como puede apreciarse en el mapa, ocupaba una parte considerable del sureste asiático. Su poderosa flota y dominio de los mares permitió a los comerciantes llevar sus productos tanto hacia la China de la era Song como hacia occidente desde la costa malabar y a través de los puertos del Golfo Pérsico y la Península Arábiga. 

Reverso de la moneda, con figura sentada y la leyenda
Sri Raja Raja a la derecha
Como suele ocurrir, el poder económico y comercial tuvo un reflejo directo en la emisión de moneda. De hecho, puede afirmarse que los Chola pusieron fin a la decadencia monetaria que tuvo lugar en el sur de la India a mediados del primer milenio de nuestra era. Pusieron en marcha un sistema monetario trimetálico con las massas como circulante de cobre y las kahavanu de plata y oro. El diseño más característico que aportaron a la historia numismática india fue el de la moneda de la imagen, modelo seguramente inspirado en el prototipo “rey-diosa” de los Kushan del norte de India.


Es tentador pensar que el "hombre-pulpo" del anverso es una deidad hindú de múltiples extremidades, pero no es el caso. El anverso muestra al rey en pie, sujetando una flor de loto con la mano izquierda levantada, y un cetro o arma con la derecha. Las cinco líneas rectas verticales que salen de su cintura representan sus piernas, así como su túnica o pañería. Lo esquemático del diseño hace que todas estas líneas parezcan idénticas, de ahí el sobrenombre con que el que se conoce a esta moneda. A su derecha aparecen una serie de esferas coronadas por una media luna.
Ayuda visual: la línea roja delimita
la figura humana del reverso

El reverso, por su parte, presenta una figura humana similar en posición sentada con piernas cruzadas, una postura muy característica en la cultura hindú, con una leyenda a la derecha que reza en escritura nagari Sri Raja Raja. Se refiere a Raja Raja Chola, rey de los Chola entre 985 y 1014, responsable de la organización administrativa descrita más arriba así como de una considerable expansión territorial. Esta leyenda continuó apareciendo tiempo después de su muerte, por lo tanto es muy probable que la pieza mostrada en esta entrada sea posterior a su reinado. 

De hecho, el modelo "hombre-pulpo" fue extensamente imitado en su época y en siglos posteriores por reinos vecinos, especialmente el de Ceylán (la actual Sri Lanka). Puede afirmarse que la moneda fue uno de los mayores legados de los Chola, dinastía que vivió su declive definitivo durante el siglo XIII ante el empuje de otra potencia local, los Pandya, justo al mismo tiempo en que el norte de India recupera su perdido protagonismo de la mano del Sultanato de Delhi. 
Embree, A.T. y WIlhelm, F. India: Historia del subcontinente desde las culturas del Indo hasta el comienzo del dominio inglés, Historia Universal Siglo XXI vol. 17 Madrid 1981

Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009

https://en.wikipedia.org/wiki/Chola_dynasty

http://coins.lakdiva.org/medievalindian/rajaraja/chola_massa6_cu.html





viernes, 17 de noviembre de 2017

EL LIARD DE LIEJA

Situación del Principado de Lieja dentro de los Países Bajos
a mediados del siglo XVI
(fuente: http://connaitrelawallonie.wallonie.be/)
Ahora que en estos fríos días vuelve a estar de moda Bélgica por motivos totalmente ajenos a la numismática, he decidido dedicar un breve artículo a una interesante moneda de cobre contemporánea de nuestros reales de a 8 y maravedís: el liard de Lieja. Lieja, situada en la actualidad en la Valonia belga, es un ejemplo que ilustra la considerable fragmentación política y territorial que vivió el continente europeo durante casi toda la Edad Media y la Edad Moderna, una época en la que las monedas utilizadas en el viejo continente se encontraban entre los escasos elementos que mostraban rasgos comunes.  


Bélgica es de hecho un país formado en fechas relativamente recientes, fruto  de la unión de pequeños estados sometidos a diferentes influencias, especialmente la holandesa, la francesa, la española y la del legendario Sacro Imperio, de tal manera que sus casi 200 años de unión no han sido siempre fáciles. Antes de su independencia en 1830 Bélgica había sido durante siglos un conglomerado de entidades jurídico-políticas con diferentes grados de autonomía, constituidas en forma de condados, ducados, principados, siendo Lieja uno de los más relevantes tanto en tamaño como en términos temporales, pues pervivió durante nada menos que 8 siglos.

Su fundación se sitúa en la Alta Edad Media, alrededor del 700, momento en que se convirtió en lugar de peregrinaje tras el asesinato del obispo de Maastricht Lamberto. Este peregrinaje impulsó a la ciudad hasta convertirse en sede episcopal a principios del siglo IX y, desde el año 980, en principado dentro de la órbita del Sacro Imperio Romano-Germánico, gobernada por un príncipe-obispo nombrado por el emperador. Poco tardó Lieja en ampliar su territorio así como en prosperar económica e intelectualmente, desarrollando escuelas de gran renombre en diferentes materias, destacando las ciencias y la medicina. Su posición estratégica, entre dos potencias como el Sacro Imperio y Francia, fue utilizada casi siempre de forma ventajosa para sus intereses, aunque en ocasiones pudo convertir a esta zona en foco de conflictos a causa de las luchas pr la hegemonía en el corazón de Europa. De hecho, a mediados del siglo XV Lieja fue absorbida por el ducado de Borgoña durante unos pocos años, dejando de existir como entidad independiente durante cerca de una década entre 1468 y 1477. 

Anversos de los dos liards de 1744 ("sede vacante", izda.) y Jean Théodore
de Baviera de 1750 (dcha.)

A principios del siglo X, el rey de la Francia Occidental, uno de los reinos sucesores del Imperio Carolingio, reconoció a Lieja el derecho a acuñar moneda. Una vez se convirtió en principado adoptó las formas monetarias del Sacro Imperio, aunque imprimiendo una serie de características propias. Con el tiempo, Lieja desarrolló un sistema monetario en el que convivían el oro (ducados y florines, las monedas de referencia en la Europa bajomedieval), la plata (con piezas como el patagon y el escalin) y el cobre,cuyas piezas son objeto del breve análisis de hoy. 

El circulante de cobre tenía como unidad el sou, equivalente a 4 liards. El liard, por tanto, era una de las denominaciones de menor valor. Las dos monedas que muestro aquí son dos piezas de este tipo de mediados del siglo XVIII. La primera es de 1744, pesa 3,63 grs. y mide 24 mm. En contra lo que pueda parecer, la efigie con mitra que aparece en el anverso no es el príncipe-obispo del momento, sino una imagen de San Lamberto, patrón de Lieja. Se trata de una pieza realizada en un momento de “sede vacante”, es decir, de interinidad entre el fallecimiento de un obispo y la elección de su sucesor, que en 1743-44 se prolongó durante unos meses. Durante este tiempo, el capítulo de la catedral era el órgano que asumía el gobierno en funciones, también en lo tocante a la emisión de moneda. La leyenda que rodea al santo nos da una pista en este sentido: S LAMBERTUS PATRO LEOD. 

El reverso, por su parte, muestra cinco escudos en forma de cruz, correspondientes a los diferentes territorios que conformaban el principado: condado de Looz (arriba), ducado de Bouillon (izquierda), condado de Hornes (abajo), marquesado de Franchimont (derecha) y Lieja (centro). La leyenda que puede leerse alrededor es la correspondiente al momento de interinidad en que fue emitida la moneda: SEDE VACANTE DEC ET CAP LEOD. 
Reversos de los dos liards, con fechas y los escudos de los distintos
territorios del principado de Lieja

El segundo liard se acuñó precisamente bajo el mandato del príncipe-obispo que asumió el gobierno de Lieja justo después de ese periodo de “sede vacante” en 1744. Es de unas dimensiones muy similares (3,33 grs. y 23 mm) y corresponde a Jean Théodore de Baviera (nieto del Rey de Polonia Juan III) que ocupó el cargo hasta su muerte en 1763. El anverso presenta un escudo de estilo alemán con las armas de Baviera-Palatinado rodeado de la leyenda I THEOD CAR D G BAU. El reverso es muy similar a la moneda de "sede vacante" salvo en la fecha (1750) y la leyenda, que resume los títulos de Jean Thèodore de la siguiente manera: EP ET PRIN LEO DUX B M F C L H. Como la mayor parte de los últimos obispos de Lieja, era de origen extranjero y pasó una gran parte del tiempo fuera del principado, lo que no le granjeó muchas simpatías. De hecho, parece ser que fue acusado por ciertas facciones de manipulación monetaria y provocar inflación, algo que tuvo repercusiones en el comercio local.   


En cualquier caso, Jean Théodore de Baviera tiene el honor de ser el último príncipe-obispo de Lieja que dejó su nombre en las monedas. Tras su muerte solo aparecieron unas pocas emisiones de “sede vacante” antes de que una revolución paralela a la francesa terminara con este principado de más de 800 años entre 1789 y 1794, momento en que sus representantes decidieron unir su destino al de Francia. 

Michael, T. Standard Catalog of World Coins 1701-1800 Krause Publications 2016


martes, 31 de octubre de 2017

EL YUAN DE TAIWÁN

Taiwán (en rojo) y la República Popular China
36.000 Km2 frente a 9,5 millones
(fuente: wikipedia)
Ya he comentado alguna vez que desde que tengo uso de razón he sido un apasionado de la Historia y, como tal, siempre muestro interés por la Historia-ficción o ucronía, partiendo desde la base de que se trata de un ejercicio meramente creativo y por tanto estéril en la práctica. No obstante,  no puedo negar que es un ejercicio que me entretiene enormemente.

Siempre he pensado que, para entender la historia reciente de China y Taiwán y las relaciones entre ambas, podemos establecer un símil con nuestro país con un ejemplo de algo que no sucedió pero podría haber sucedido. Imaginemos que, en Marzo de 1939, con los ejércitos de Franco a punto de entrar en Madrid, el Gobierno de la República decide, con el apoyo expreso de Francia y Gran Bretaña, trasladar lo que queda de su administración, ejército y élites políticas e intelectuales a Menorca y constituir esta isla como la sede del gobierno legítimo de España, de tal forma que su constitución y sus leyes continúan aplicándose en este reducido territorio. Franco, ante la amenaza de vérselas con las democracias occidentales y con la inmensa mayor parte del territorio español controlado de forma efectiva, decide no invadir Menorca, al menos en el corto plazo. Con el tiempo la situación se enquista y durante décadas tenemos dos gobiernos españoles compitiendo por ostentar la representación legítima de nuestro país: el Estado Español de Madrid y la República Española de Menorca. La confusión para muchos observadores internacionales estaría servida, y los roces entre ambos gobiernos hubieran estado a la orden del día.
  
En nuestro caso es probable que la reunificación efectiva hubiera tenido lugar en 1978, momento en que el Estado Español se convirtió en monarquía constitucional. Eso, claro, si el ficticio gobierno de Menorca hubiera renunciado a la forma republicana de estado en aras de una pacífica resolución de un conflicto enquistado durante décadas. El caso chino, que es al fin y al cabo el tema central de la entrada de hoy, no parece que vaya camino de resolverse, al menos de forma pacífica, sino que tiende a una suerte de "coexistencia pacífica". 

50 dólares taiwaneses de 1972, con Sun Yat Sen
En China, los enfrentamientos entre los nacionalistas del Kuomintang y los comunistas habían quedado aparcados durante la Segunda Guerra Mundial gracias a la invasión japonesa, que exigía una unidad al menos en el plano formal para hacer frente al enemigo exterior. El Kuomintang liderado por Chiang-Kai Shek era formalmente el gobierno legítimo de China no obstante no ejercía un control efectivo de todo el territorio tras décadas de dominio de los llamados “señores de la guerra” en ciertas regiones y de intensa actividad del Partido Comunista de Mao en amplias zonas rurales. Tras la rendición de Japón en Septiembre de 1945 Chiang vivió momentos de euforia no solo por la victoria sobre el invasor sino porque además China fue considerada como una de las potencias vencedoras e invitada a actuar como tal en el nuevo concierto internacional.

Mao Zedong, sin embargo, no estaba dispuesto a someter sus fuerzas a las de Chiang, por lo que la guerra civil se hizo inevitable, una guerra que suponía un castigo adicional a una población que llevaba encadenando conflictos desde 1937. Pese a la aparente superioridad del Kuomintang en cuanto a hombres, armamento y apoyos internacionales (muy especialmente el de Estados Unidos, que contaba con el gigante chino como el gran aliado en Asia frente a la URSS) una serie de circunstancias inclinaron la balanza en favor de los comunistas. Explicado de forma muy básica, puede decirse que el Kuomintang estaba estableciendo un régimen de carácter despótico y  clientelar, con unos niveles de corrupción que le impidieron alcanzar progresos tangibles o incrementar su base social. Sin embargo, los comunistas supieron ganarse hábilmente al campesinado, tradicional pilar económico y social de China, a su causa mediante el reparto de tierras entre los desfavorecidos y estableciendo medidas colectivizadoras en los territorios controlados por ellos. Durante el año 1949 los principales centros de poder del Kuomingtang fueron cayendo como las fichas de un dominó hasta que Chiang no vio otra salida que trasladar su gobierno a la isla de Taiwan como forma de establecer el control efectivo de un territorio, por reducido que fuera: 36.000 km2 frente a los 9,5 millones de km2 de la China continental, donde en 1949 se consolidaba la nueva República Popular.
50 dólares taiwaneses de 1990, que homenajean billetes
antiguos de la República de China

Pese a esta humillación,  una serie de acontecimientos relacionados con los complicados equilibrios geopolíticos de la llamada Guerra Fría permitieron a Chiang mantener su moribunda República de China en Taiwán como premio de consolación. La Guerra de Corea de 1950, en la que la coalición liderada por Estados Unidos llegó a enfrentarse directamente con la República Popular China, confirmó a las potencias occidentales la importancia de mantener a toda costa aliados seguros en Asia Oriental para contener el avance del comunismo. Desde aquel momento, Estados Unidos blindó su alianza con la República de China en Taiwán, ofreciendo a Chiang protección en caso de ataque desde el continente mediante el Tratado de Defensa Mutua y la Resolución de Formosa (antiguo nombre de la isla) de 1955.

Desde entonces, la evolución de los gobiernos de Beijing y de Taipei ha seguido rutas radicalmente distintas, aunque con algunas coincidencias. Ambos gobiernos reclaman la soberanía de todo el territorio chino, por lo que es imposible mantener relaciones diplomáticas formales con ambos: el reconocimiento de uno implica renunciar a reconocer al otro. Durante sus primeros años, Taiwán consiguió un amplio reconocimiento internacional, siendo incluso considerado uno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, pero a partir de la década de 1970 el giro norteamericano hacia una política de distensión con el bloque comunista llevó a un cada vez mayor reconocimiento oficial de la República Popular China, de tal forma que hoy en día únicamente 20 estados reconocen a Taiwán, entre ellos varios centroamericanos y el Vaticano. Taiwán se comporta pues como un estado soberano de facto, pero no de iure.

Contraste entre las dos formas de caligrafía. En la tradicional (arriba) puede leerse 中華民國 es decir, Zhonghuá Mínguó o "República de China". En la simplificada (debajo) se lee 中国人民银行, es decir Zhongguó rénmin Yinháng o "Banco Popular de China"
Ambos gobiernos mantuvieron durante décadas un mandato autoritario de partido único, aunque tras la muerte de Chiang Kai Shek en 1975 el gobierno de Taipei inició una serie de reformas encaminadas a construir un sistema democrático, algo que no ha encontrado paralelismo en Beijing. En lo económico, los dos gobiernos han conocido espectaculares crecimientos económicos, Taiwán a partir de la década de 1960 y la República Popular a partir de la de 1990, adoptando un modelo económico capitalista de facto. Una eventual reunificación, sin embargo, no parece posible debido a las enormes divergencias políticas que separan a ambas repúblicas. China defiende el modelo “un país dos sistemas” mientras que Taiwán ha dejado aparcada su antigua vocación de control de la totalidad del territorio chino por objetivos menos ambiciosos, prefiriendo centrarse en consolidar su propio autogobierno y establecer canales alternativos a la diplomacia tradicional para relacionarse con otros países. 


Una de las diferencias entre los dos gobiernos puede encontrarse en su moneda, como queda patente en la entrada de hoy. Una de las primeras medidas del gobierno nacionalista de Taipei fue la puesta en marcha del Nuevo Dólar de Taiwán (en chino xin tài bì, literalmente “nueva moneda de Taiwán”) como sustituto del antiguo Dólar Taiwanés, la moneda provisional que sustituía al yen tras la devolución de la isla a soberanía china en 1945. Este antiguo Dólar se había visto afectado por la hiperinflación propia de la guerra civil en la China continental, que había llegado a una tasa mensual del 5.000 % en su peor momento. En la República Popular, mientras tanto, se consolidaba el renmin bì, es decir, “la moneda del pueblo”.


50 yuanes de la República Popular China. En el centro vemos
los caracteres  y  (5 y 10, que forman 50) junto a 圓
(yuan), exactamente como en los 50 dólares taiwaneses
Estas monedas han evolucionado de forma independiente, de tal manera que hoy en día un euro equivale aproximadamente a 7,5 yuanes chinos y 35 dólares taiwaneses. Además de su valor, difieren sustancialmente en su simbología, pues los yuanes honran a Mao Zedong mientras que los dólares taiwaneses continuaron la tradición de homenajear a Sun Yat Sen, fundador de la república. La diferencia que encuentro más interesante, ahora que estoy adentrándome en el aprendizaje del idioma chino, es la caligrafía. Durante la segunda mitad del siglo XX el gobierno comunista acometió la simplificación del lenguaje escrito mediante la eliminación de trazos en muchos caracteres con el fin de impulsar una verdadera reforma educativa y favorecer la alfabetización. Así, mientras los dólares taiwaneses emplean la caligrafía tradicional los yuanes chinos utilizan la forma simplificada. Las dos monedas, sin embargo, coinciden en algo: considerar al yuan como su unidad de cuenta. De esta forma, podemos ver en ambas el carácter  (yuan) junto con los numerales empleados en las finanzas (que dicho sea de paso son más enrevesados que los numerales corrientes).


Diferencias insalvables, inevitables similitudes… al fin y al cabo, China y Taiwán son el mismo país…¿o no?

Gernet, J. El Mundo Chino. Editorial Crítica, Barcelona 1991
Ceinos, P. Historia Breve de China, Sílex Ediciones S.L. Madrid, 2006

miércoles, 18 de octubre de 2017

POT DUANG: EL DINERO BALA (II)


Tras más de cinco años y 200 entradas en este blog es inevitable a veces recurrir a temas ya tratados, pero casos como el de las monedas-bala merecen la pena. Su peculiar forma y estética, así como su largo recorrido histórico hacen de ellas un objeto muy apreciado en el coleccionismo de curiosidades numismáticas. Estas monedas protagonizaron una de las primeras entradas del blog y, desde entonces, he tenido la ocasión de recibir más información de la que expuse en su día, lo cual me ha permitido identificar mejor las tres piezas que muestro en las fotos de más abajo.
Mapa del sudeste asiático a mediados del
s XV. Ayuthaya es el reino occidental en
color rosa claro (Wikipedia) 
El dinero-bala o pot duang se utilizó entre los siglos XIII y XIX, coincidiendo  con la era de los precedentes inmediatos del reino de Tailandia: Sukhotai y Ayuthaya. Inicialmente bajo el dominio khmer, Sukhotai se independizó a mediados del siglo XIII y es considerado el primer reino tai propiamente dicho. Comenzó así un periodo de expansión hacia el sur provocada en gran medida por la presión ejercida por el gran imperio asiático del siglo XIII, los mongoles, que al mismo tiempo completaban la conquista del sur de China. Es probable que estratégicamente los mongoles consideraran beneficioso el establecimiento de pequeños reinos tailandeses en el sureste asiático a expensas de los antiguos reinos indianizados. Sukhotai se constituía en un reino híbrido  basado en la civilización khmer (lo que puede notarse en su religión budista, su arte y su cultura)  aunque con una estructura social típica de los mongoles, basada en la administración de una aristocracia guerrera. La irrupción del reino de Ayuthaya a mediados del siglo XIV cambió el destino de Sukhotai, al ser rápidamente sometido.

El reino de Ayuthaya se consolidó también a costa de los khmer y se expandió hacia el este, derrotando a Angkor en 1431, y otorgó un mayor poder al rey al añadirle el título devaraja, es decir, rey-dios. La ciudad de Ayuthaya se convirtió en una de las más prósperas del sudeste asiático gracias a su puerto, que abría el comercio con Europa y China. De hecho,  Ayuthaya destacó por sus excelentes relaciones con los europeos, algo que no era de extrañar si tenemos en cuenta que el sureste asiático era un mercado óptimo para los productos chinos y japoneses y ofrecía al mismo tiempo productos muy demandados en occidente, como laca, estaño y tintes. Hacia finales del siglo XVII los franceses se convirtieron en la potencia occidental con más intereses e influencia en Ayuthaya, no obstante fueron expulsados a principios del XVIII al aumentar las suspicacias de las élites locales acerca de sus intenciones colonizadoras. Ayuthaya conocería su fin tras la invasión y saqueo por parte de los birmanos en 1766, pero los tais se recuperarían pronto gracias a la iniciativa del general Paya Tak, que en apenas cuatro años lograría restituir el reino. La llegada de la dinastía Chakri en 1782 marcó el comienzo de un periodo singular en la historia de Tailandia, caracterizado por la reconstrucción del país y su apertura al resto del mundo en forma de acuerdos comerciales con las potencias occidentales en plena era del colonialismo. Esta apertura no solo revitalizó la economía tailandesa sino que además posibilitó la introducción de un cierto reformismo modernizador en la administración y gestión de los asuntos públicos. Todo ello sin renunciar a su soberanía pues, a diferencia del resto de Asia Sudoriental, el reino tailandés no fue colonizado. 
Marcas de la dinastía Chakri en las monedas pot duang
 (Standard Catalog of World Coins 1801-1900)
Uno de los elementos que permanecieron prácticamente inalterados en Tailandia durante estos 600 años fue su sistema monetario. Gracias a las nuevas fuentes de información que he ido recopilando, muchas de ellas provenientes de un amable lector de este blog, he podido averiguar un poco más acerca de las tres monedas-bala de las que dispongo en la actualidad. Aunque en dos de los tres casos las marcas perforadas son un poco difusas, es muy posible que se trate de tres piezas de tres reinados diferentes de la dinastía Chakri, la que actualmente reina en el país.

Tres monedas-bala del siglo XIX de izda. a dcha. 1 baht, 1/4 de baht y 1/8 de baht
Las monedas-bala o pot duang (que literalmente significa "oruga acurrucada") son un buen ejemplo de forma monetaria pre-moderna producida hasta tiempos relativamente recientes. La unidad de peso era el baht o tical, fijado en 15,244 grs. y estaba basado en la plata, aunque también se emitieron pot duang de oro. Las denominaciones en plata comprendían entre 1/128 de baht (con un peso teórico de tan solo 12 mg.) hasta los 80 baht, aunque las denominaciones más altas solo eran utilizadas para propósitos contables. Por su parte, en oro se emitieron denominaciones entre el 1/32 de baht y los 4 baht.
Marca de chakra (pot duang de 1 baht)
La fabricación de las monedas-bala era por lo general un proceso lento y costoso. Se trataba de barras cortas de plata más gruesas por el centro que se doblaban hasta formar un círculo. Después se perforaban las marcas correspondientes al reinado (que son por tanto indicativas de la fecha de emisión) colocando las monedas recién fabricadas sobre un molde de hueso de elefante. La razón de que se escogiera este peculiar material como molde obedecía a razones prácticas: un molde de madera era demasiado blando y podía partirse en el proceso y un molde de metal era demasiado duro y provocar que la moneda se aplanara.
Marca de bai matum (1 baht)
Tras analizar las marcas de las diferentes pot duang de las fotografías (de 1, 1/4 y 1/8 de baht), la conclusión general es que fueron todas producidas durante el siglo XIX, es decir, la primera etapa del reinado de la dinastía Chakri. La moneda de 1 baht, de 15,05 grs. de peso, posee dos marcas. Una refleja de forma inequívoca un chakra, concepto hinduista y budista que representa la rueda del dharma (es decir, la ley o la religión) y que simboliza los centros de energía corporales. También fue la marca propia de la dinastía Chakri, y por tanto aparece en monedas de diferentes reinados. La otra marca es más difusa pero seguramente refleja un Bai Matum, un árbol de membrillo propio del sudeste asiático, utilizado como la cuarta marca del reinado de Rama III (1824-1851).
Marca de pratao (1/4 de baht)
La moneda de cuarto de baht (3,16 grs.) no deja lugar a dudas, pues refleja un símbolo llamado “pratao” (una vasija de agua similar a un botijo), primera marca del reinado de Rama IV (1851-1868). Rama IV fue conocido como Mongkut, que a muchos os resultará familiar dado que es el monarca inmortalizado en el musical “El Rey y Yo”, basado en la novela Anna y el Rey de Siam de Margaret Landon, una obra que refleja precisamente la apertura del país a influencias occidentales desde el punto de vista de una profesora de inglés en la corte tailandesa.
La moneda de un octavo de baht (1,72 grs.) es sin duda la más difícil de identificar, pues a sus reducidas dimensiones hay que añadir lo difuso de la impresión de la marca. Tras realizar unas pocas comparaciones, creo que se trata por la forma de un “unalom”, una concha ornamentada utilizada como marca del final del reinado de Rama I (1782-1809), el primer monarca de la dinastía Chakri.
Posible marca de unalom en pot
duang de 1/8 de baht
En cualquier caso, se trataría de ejemplares de las últimas monedas-bala emitidas. La modernización y apertura al exterior que caracterizó a los distintos monarcas de la dinastía Chakri propició la aceptación de técnicas de acuñación modernas y formas monetarias occidentales a mediados del siglo XIX y de un sistema decimal a finales de ese mismo siglo. Bajo el reinado de Rama V (1868-1910) fue la última vez que se produjeron pot duang, aunque con propósitos meramente conmemorativos. Aún así, el empleo de estas peculiares monedas continuó hasta principios del siglo XX, momento en que fueron definitivamente abandonadas ante la inevitable generalización del uso de la moneda plana.  


Villiers, J. Asia Sudoriental antes de la Época Colonial. Historia Universal Siglo XXI, Siglo XXI Editores, Madrid 1980.
Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009
Odd and Curious Money, descriptions and values, by Charles J Opitz, 2nd Edition 1991, p. 27
Standard Catalog of World Coins (1801-1900) edited by George S. Cuhaj, Krause Publications 2012
https://books.google.es/books?id=K37CNejEk70C&pg=PA1152&lpg=PA1152&dq=bai+matum+world+coins&source=bl&ots=Y2v2VUiT0w&sig=GI1SCRkFs-QLfc62ZB2v_5GkIo4&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwjxtLDtk_rWAhUDXhoKHT0tDJ8Q6AEIKjAA#v=onepage&q=bai%20matum%20world%20coins&f=false

sábado, 30 de septiembre de 2017

REACUÑACIONES BIZANTINAS

No es la primera vez (e imagino no será tampoco la última)  que comparto curiosidades de la numismática bizantina en este blog. Como ya he comentado en otras ocasiones, el estudio y coleccionismo de las monedas del estado sucesor de la Antigua Roma en el este ha experimentado un auge en los últimos años, confirmándose como un referente de un periodo histórico singular que marca la transición entre la Edad Antigua y la Edad Media en Europa. Un periodo, recordemos, en el que la emisión de moneda sufre una profunda crisis en occidente y no volvería a cobrar cierta relevancia hasta la época de Carlomagno. Recientemente, examinando un follis de cobre de la época de Heraclio (que ocupó el trono de Constantinopla entre los años 610 y 641) comprobé que tenía elementos que no había visto en otras monedas contemporáneas. Tras una pequeña investigación, comprobé que se trataba de una reacuñación, algo por otra parte muy habitual en  el circulante de cobre de esa época. La pregunta que surge entonces es ¿por qué se extendió esta práctica?

El Imperio Romano de oriente bajo Justiniano. En muchos
sentidos, un gigante con pies de barro (fuente: wikipedia)

Prácticas como el resellado y reacuñación suelen darse en momentos de crisis e inestabilidad financiera. El caso bizantino guarda en este sentido inevitables paralelismos con la experiencia española que tuvo lugar 1000 años después (ver entrada Resellos de los Austrias). El legado de Justiniano, emperador durante casi cuatro décadas entre 527 y 565, fue el de un imperio engrandecido pero escasamente preparado para gestionar sus avances a medio-largo plazo. La expansión territorial hacia el oeste puso la práctica totalidad del Mediterráneo bajo el dominio de Constantinopla, así como la península itálica y el norte de África (y una pequeña parte de la península ibérica, no lo olvidemos) pero no fue posible asegurar la paz en las extensas fronteras del imperio. Los persas constituían una constante amenaza en el este, mientras que en los Balcanes irrumpían con fuerza tribus eslavas procedentes de la estepa euroasíática. Además, la epidemia de peste bubónica de la década de 540 mermó significativamente la población, lo que necesariamente afectó a las arcas imperiales. 

Anverso de follis de Heraclio reacuñado. Arriba a la derecha
pueden apreciarse (invertidas) las letras NIK, correspondientes
 a la marca de ceca de Nicomedia de un reverso anterior
Así pues, los sucesores de Justiniano heredaron un territorio más extenso pero estructuralmente débil. Durante la segunda mitad del siglo VI los enfrentamientos con los persas en las fronteras orientales y con los ávaros en los Balcanes se acentuaron mientras que otro pueblo bárbaro, el lombardo, se hacía con el control del norte de Italia. En el interior surgieron los problemas derivados de latentes divisiones religiosas y políticas (los famosos enfrentamientos entre las facciones azul y verde del hipódromo), con episodios cada vez más frecuentes de violencia urbana. En este contexto de intervencionismo exterior e inestabilidad política las finanzas imperiales no consiguieron estabilizarse, lo que no tardaría en afectar a un ejército cada vez más activo y peor pagado. En el 602 una sublevación militar depuso al emperador Mauricio y llevó al poder a Focas, incapaz de frenar las tensiones internas y de hacer frente a los enemigos externos, especialmente los persas, que comenzaron a adentrarse peligrosamente en territorio bizantino. Otra rebelión militar en 610 elevó al trono imperial a Heraclio, hijo del exarca de Cartago, que se vería obligado en poco tiempo a hacer frente a una situación insostenible. En el 615, con los persas penetrando en la península de Anatolia y ocupando de forma efectiva Siria y Palestina y los bárbaros presionando en las fronteras norte y el oeste, el antiguo Imperio Romano de oriente parecía abocado al colapso. 

No es difícil deducir que este contexto de inestabilidad política, concentración de recursos en el ejército y escasez de circulante era propicio para la reutilización de moneda. La fabricación de moneda era en la Antigüedad un proceso artesanal que requería de una serie de elementos imprescindibles: aprovisionamiento de metal, obtención de cospeles (es decir, los discos o trozos de metal de un peso y ley determinados para su posterior acuñación) mediante la fundición del metal o metales y acuñación mediante golpes de martillo en los talleres autorizados. En momentos de crisis e inestabilidad como el descrito más arriba se movilizaban y maximizaban todos los recursos disponibles, especialmente si la supervivencia del propio estado estaba en juego. Y si producir nuevo circulante resultaba complicado, se recurría a las monedas existentes mediante las técnicas de resellado o, como en el caso de hoy, reacuñación. 

Durante el convulso reinado de Heraclio estas técnicas fueron recurrentes, especialmente durante la década de 630. La moneda de las imágenes es un follis de cobre en el que aparecen en el anverso Heraclio acompañado por su hijo Heraclio Constantino coronados y sosteniendo cruces rodeados de la leyenda (un tanto difusa) DD NN HERACLIVS ET HERA CONST PP A. El reverso, por su parte, muestra el numeral M (40 nummi, es decir, un follis) con la marca de ceca CON (Constantinopla) y oficina gamma (letra griega Γ) y el año de reinado 4 (ANNO IIII), es decir, el 614. En ambas caras, sin embargo, pueden encontrarse vestigios de la moneda original. 
Reverso del follis de Heraclio, con el año de reinado (4) y
la marca de ceca CON (Constantinopla). Debajo de ella se
distinguen letras de la leyenda de un anverso anterior. 

Así, en el anverso puede apreciarse sobre la cabeza de Heraclio Constantino la marca de la ceca de Nicomedia: NIKO, lo cual indica que el nuevo anverso fue reacuñado sobre el antiguo reverso y viceversa. En el nuevo reverso, por su parte, pueden apreciarse debajo de la marca CON algunas letras correspondientes a la leyenda del emperador de la moneda original, seguramente Mauricio Tiberio o Focas. 

Pese a las dificultades, Heraclio consiguió doblegar a los persas en los años siguientes. Por un lado, utilizó parte de los recursos disponibles en comprar la paz con los ávaros y forjar alianzas con los reinos cristianos de Transcaucasia, estratégicamente situados al norte del Imperio Sasánida. Por otro, optó por la más audaz táctica militar: en lugar de confrontar al enemigo en Anatolia, penetró en su territorio por el norte a partir del año 624 junto con sus aliados del Cáucaso causando un grado de destrucción que los persas no esperaban. Cuando estos trataron de avanzar hacia Constantinopla con el apoyo de los ávaros en el oeste, Heraclio decidió detener el avance persa en Anatolia y dejar la defensa de la capital en manos de su Patriarca. El ataque combinado persa-ávaro fracasó y en 627 el Imperio Sasánida fue derrotado, consiguiendo Heraclio restaurar para Bizancio los territorios perdidos en los años anteriores. 

Una recuperación que resultó efímera, pues pocos años después Heraclio tuvo que contemplar muy a su pesar el ascenso de una fuerza que en poco tiempo deslumbraría al mundo y afectaría irremediablemente al equilibrio de fuerzas en el Mediterráneo: los árabes.  


The Oxford History of Byzantium, Ed. by Cyril Mango, Oxford University Press 2002

Angold, M. Byzantium. The Bridge from Antiquity to the Middle Ages. Phoenix Press, London 2002

Byzantine Coins and Their Values, by David R. Sear, second edition, revised and enlarged, Spink 2006

https://www.tesorillo.com/articulos/biz/marcas.htm

Gozalbes, M y Ripollés, P.P. La Fabricación de Moneda en la Antigüedad, S.I.P. Universitat de València (http://www.denarios.org/anexes/ripolles/LAFABRICACI%C3%93N.pdf)

domingo, 17 de septiembre de 2017

LA CALIGRAFÍA EN LAS MONEDAS CASH

Después de todos mis análisis de la historia de la moneda china, ha llegado el momento de centrar mi atención en un aspecto que hasta el momento solo he explicado de pasada, pero que no es en absoluto un tema menor en la numismática oriental. Una de las diferencias más apreciables que podemos establecer a priori con la numismática europea o del subcontinente indio es la aparente ausencia de imágenes: las monedas cash, salvo en contadísimas excepciones, no contienen figuras alegóricas o simbólicas sino caracteres que informan sobre su peso (más teórico que real muchas veces) o reflejan el reinado bajo el que se emitieron. No obstante, más allá de estas diferencias, las monedas chinas contienen una gran dosis de expresión artística como veremos a continuación.

Moneda huo quan de principios del siglo I.
Pueden distinguirse los caracteres huo (
)
a la derecha y quan (
) a la izquierda
en caligrafía sigilar
Es inevitable, cuando nos encontramos con cualquier texto escrito en chino, sentir cierta fascinación al contemplar un sistema de escritura tan distinto al nuestro. Si en algún momento decidís aprender este idioma, no esperéis encontrar en su sistema de escritura una lógica similar a la de nuestro alfabeto. De hecho, no existe un “alfabeto” chino como tal, ni un sistema fonético. El lenguaje escrito chino se compone de miles de caracteres (alrededor de 50.000, muchos de los cuales apenas se emplean) provenientes de pictogramas (es decir, dibujos simplificados de objetos), ideogramas (combinación de varios pictogramas que representan ideas) y logogramas (caracteres que representan por sí solos una palabra o morfema, que por lo general se componen de un radical que les da significado y otro componente que indica pronunciación). Estos últimos son los más representativos del sistema de escritura chino, un sistema que debe aprenderse con paciencia a base de reescribir y memorizar caracteres.
Seguramente esta es la parte más difícil del aprendizaje de este idioma, pero es también lo que le aporta una belleza singular, pues la caligrafía china ha evolucionado como un arte en sí mismo. Los primeros pictogramas surgieron durante la Dinastía Shang en el segundo milenio antes de Cristo, y con el tiempo se desarrollaron notablemente desde formas primitivas y rudimentarias hacia un sistema más estandarizado, en el que las representaciones escritas se simplificaban y se hacían más simbólicas. De esta forma apareció durante el periodo de los Estados Combatientes (475-221 a.C.) la escritura sigilar o de sello, conocida así porque era la escogida para los sellos personales. Se caracteriza por su grado de abstracción (dejando atrás los aspectos más figurativos de la escritura arcaica) así como sus proporciones: todos los caracteres adoptaban una forma rectangular y tenían el mismo tamaño, dominando los diseños simétricos y paralelos. La victoria de Qin Shihuang en 221 a.C. supuso, además de la unificación territorial de toda la China Antigua, la uniformización en otros muchos aspectos como el de la escritura, de tal manera que se promovió el sistema sigilar como el oficial para todo el imperio. Seguramente los nuevos tiempos de unificación tras una época convulsa exigían orden en todos los ámbitos, y la escritura sigilar aportaba orden y armonía al lenguaje escrito.
Moneda kai yuan tong bao (Dinastía Tang,
s. VII). Los caracteres
开元通宝 se
leen arriba-abajo-derecha-izquierda
y muestran la caligrafía clerical o lishu
La invención del papel en el siglo I d. C. trajo consigo cambios significativos en la escritura, como no podía ser de otra manera. El papel dejaba más espacio para escribir, y el uso del pincel posibilitaba nuevas formas de trazo. A finales de la Dinastía Han (206 a.C. - 220 d.C.) apareció la caligrafía lishu o clerical, que, mediante un trazo más igualado estaba destinada a facilitar el trabajo de los escribas. Comparada con la escritura sigilar, la lishu ofrecía unas formas más rectas pero al mismo tiempo más onduladas, lo cual le aportaba una estética más dinámica y ligera. 

Pero fue durante los siglos siguientes a la Dinastía Han, una época recordada por la desunión y la inestabilidad, el momento en que las formas de expresión caligráfica alcanzaron su cénit en cuanto a creatividad y variedad como consecuencia de las innumerables posibilidades que ofrecía el uso del pincel. A partir de ahora se dejan atrás los aspectos prácticos y los calígrafos se centran en los estéticos, aportando mayor belleza a unos caracteres que toman formas cada vez más cursivas. 

La primera de estas formas cursivas fue la escritura regular o kaishu, caracterizada por su elegancia y formas estilizadas, con ocho trazos básicos que imprimían una forma más cuadrada a los caracteres y al mismo tiempo los inclinaba ligeramente hacia arriba y a la derecha, realizando una perfecta combinación de dinamismo y armonía. Las escrituras semi-cursiva (xingshu) y cursiva informal (caoshu) hacían hincapié en la rapidez de los trazos y posibilitaban una mayor creatividad y originalidad. En estas formas de escritura los movimientos del pincel son rápidos y sin pausas, y los trazos presentan diferentes grosores dependiendo de la presión que se ejerza sobre el pincel. En la caligrafía cursiva informal muchas veces dos o más caracteres podían unirse en un solo trazo, haciéndose difícil distinguirlos. 

Todo esto tuvo su repercusión en la numismática, algo que se puede apreciar en la propia evolución de las monedas cash. Las primeras monedas presentaban una caligrafía sigilar, tal y como muestran las ban liang, wu zhu y las diversas formas monetarias surgidas durante el reinado de Wang Mang (7-23 d.C.). Las nuevas formas de caligrafía se incorporarían a las monedas posteriormente. En concreto, la escritura clerical o lishu pudo verse por primera vez en las monedas kai yuan tong bao, la aportación monetaria por excelencia de la Dinastía Tang (618-907 d.C.) y no sería hasta la Dinastía Song (960-1127 d.C.) cuando se incorporarían los demás estilos de escritura, siendo habitual encontrarnos con la misma moneda con formas caligráficas diferentes, tal y como puede comprobarse en las imágenes de debajo. En la primera tenemos dos monedas zhi ping yuan bao de 1064-1067 emitidas bajo el emperador Ying Zong, la de la izquierda con caligrafía sigilar y la de la derecha con caligrafía clerical


Zhi ping yuan bao, en este caso leido arriba-derecha-
abajo-izquierda:
治平
元 宝
En la segunda imagen tenemos tres monedas sheng song yuan bao correspondientes al reinaado del emperador Huizong emitidas entre los años 1101 y 1106. Las de la izquierda y la derecha presentan un estilo de caligrafía regular mientras que la del centro se enmarca en la sigilar: 


Sheng song yuan bao, leido arriba-derecha-abajo-izquierda 圣 宋元宝
Teniendo en cuenta que la caligrafía china es una forma artística en si misma, la variedad caligráfica que caracteriza a las monedas cash medievales les dota de una riqueza histórica y belleza estética incomparables. Para mí ha sido un verdadero placer preparar este artículo que no quiero concluir sin agradecer sinceramente a mi profesora de chino Rocío toda la ayuda y referencias que me ha proporcionado para comprender el contexto y el sentido de las diferentes formas caligráficas que se sucedieron en la historia de China. 老师谢谢!

http://confuciomag.com/monedas-chinas-caligrafia
http://www.metmuseum.org/toah/hd/chcl/hd_chcl.htm
http://primaltrek.com/
Cast Chinese Coins, A Historical Catalogue, D. Hartill, Trafford 2005

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